Enseñando Integración.

Me viene a la cabeza estos días, sin saber por qué, cierto recuerdo de mis días de colegio.
Estudié en un colegio religioso. Digo lo de religioso no por nada en particular. Al final en todos los sitios, supongo, hay cosas buenas y malas. Yo presencié ambas.
Lo que voy a contar me sucedió durante los cursos de TERCERO a QUINTO de EGB, y el profesor no era cura, sino laico.
Este señor tenía una visión particular a la hora de dar las clases de gimnasia: dividía a los alumnos en cuatro grupos (unas diez personas por equipo) y nos hacía jugar al fútbol o baloncesto. ¿Entre nosotros? No.
Los dos equipos con los supuestamente mejores jugadores siempre competían entre ellos, y los dos grupos con los “menos buenos” hacían lo mismo. Nunca se volvieron las tornas. Nunca se jugó un “campeonato” entre todos.
Por otro lado, los “mejores” SIEMPRE jugaban en las mejores pistas, es decir, el pabellón (¡jugar en el pabellón era sinónimo de éxito, todos se lo peleaban!), mientras que los “menos buenos” siempre jugaban a la interperie.
A esto lo llamo yo “integración”.
Más adelante, las “diferencias deportivas” de aquella tierna edad se convertirían en otro tipo de diferencias a medida que se iba creciendo y aparecía la inevitable crueldad adolescente. Siempre hubo “guays” y “pringaos”. Es ley de vida. El tipo de vida que todos, por acción o dejación, se empeñan en enseñar.
Fuck them all!

Comment (1)
Israel
27 diciembre, 2014

Bueno, al menos parece que a ti te ha servido para saber cómo nunca organizarías tú una actividad de ese tipo o, ya puestos, una sociedad.
Si aprendemos algo, bien está. Una pena que sólo viviendo algo negativo -como lo narrado-, una minoría llegue a tener un pensamiento sobre lo justo y lo no justo.
Ahora, a cambiar la sociedad.

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