FIND MY WAY

Otro regalo…

más un poco de rock.

 

“Miro mis manos…
me cuesta que hagan lo que quiero.
Busco el silencio,
ahora más que nunca,
la resaca tras la tormenta de emociones
suele pasarme factura…
…demasiado.
Y a veces pasan las horas,
y los soles
y las lunas,
y son todo un conjunto,
un segundo en un reloj.
Y no puede correr el minutero a su ritmo
si no regreso a esa frialdad,
a ese témpano y a esa risa irónica,
a ese no me importa nada
y cuidado que te saco un ojo,
a ese espacio en blanco que tan bien controlo…
hasta que dejo de controlarlo.”

 

Y ahora el rock:

 

 

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TRILOGÍA DE PECADOS PERSONALES

PREVIO

Pensando, pensando… me he preguntado cuáles eran las motivaciones más comunes de los personajes de mis escritos, y realmente no me ha sido difícil hallarlas, encontrar las emociones básicas que les mueven, comprenderlas y motivarlas, porque son emociones que conozco muy bien, pues me han movido, las he sentido y las he sufrido. En ese sentido mis personajes tienen siempre algo de mí, unos más y otros menos, pero un poco de mí se queda en ellos, o al menos un poco del Jose que fui, el que vivió y experimentó ciertas cosas, ese Jose que no quiero que vuelva pero que paradójicamente me acompaña en cada paso que doy, como un recordatorio.
Estas emociones tan comunes al ser humano suelen ser mal vistas socialmente, pues te definen, a ojos de los demás, como un miembro defectuoso de la sociedad. Ya se sabe: estadísticamente, todos quieren ser el macho alfa y todas buscan un macho alfa, antropológicamente hablando. ¿Y quién se compra un coche roto?
Lucho contra estas emociones cada día, a veces gano y a veces no, y las aparto de la mejor manera que sé: escribiendo, haciendo que sirvan de algo, dándoles utilidad.
Normalmente no se me da bien comunicarme con la gente, cuando se trata de interactuar socialmente tiro de caradura para contrarrestar mi timidez, pero a la hora de la verdad, cuando quiero expresar algo, o no me sale o me sale mal. De ahí la importancia de escribir. Ahí me siento mejor, en el silencio de la hoja en blanco. O en la música, vital en mi vida también. Cada canción es una emoción. Así lo vivo.
Pero estas otras emociones… No me definen, ni lo harán. He cambiado mucho, he ganado batallas, pero mentiría si dijese que no están ahí, no se han ido, acechando, recordándome que una vez me hicieron daño y que podrían volver a hacerlo.
En la película “Beautiful girls”, un personaje le dice a otro algo parecido a esto: no les enseñes tus trucos, no dejes jamás que miren detrás de la cortina, que no vean nunca al viejo charlatán que mueve los hilos del Mago de Oz. En cuanto lo vean, se sentirán defraudados.
Pues voy a enseñaros mi lado oscuro, mis tinieblas, las mías y las de mis personajes, las emociones que más odio. Yo las llamo mi “Trilogía de Pecados Personales”:DEBILIDAD, MIEDO E IRA.
Y me pregunto: Luchar contra ellos, ¿en qué me convierte?

I: DEBILIDAD
Es el primero de todos, y de la debilidad parten los demás. Como la Kryptonita.
Cada uno de mis personajes tiene una debilidad concreta: Jonás, la incapacidad para comunicarse, el no saber demostrar su amor por su familia; Bastian, el no haber sabido decir que no, no haber sido firme cuando debía. ¿Las consecuencias? Perder a la familia el primero y hundirse en una depresión agobiado por la presión el segundo.
Salir de ese estado anímico en el que crees que no te quedan fuerzas es difícil, y cuando sales, siempre queda el miedo (ese miedo del que hablaré luego) a recaer. El miedo a perder cuando queremos algo.
Personalmente pienso que todos tenemos nuestra kryptonita, y que tras enfrentarnos a ella, si ganamos (que ganamos), salimos reforzados. Somos más fuertes que nunca. Pero el miedo… tampoco se va nunca.
El personaje de mi nuevo escrito, en el que estoy trabajando, ha decidido ir más allá: le ha dado la espalda a cualquier emoción que le haga sentir débil y se ha puesto a combatir el miedo con fuego. Ha dado el paso hacia el tercer escalón: la ira. En ese escalón, todo el mundo se convierte en una bomba de relojería.
Nos creemos fuertes, creemos que podemos con todo, pero no se puede ser fuerte las 24 horas del día, ni pensar con claridad. Los Barricada cantaban: “porque cuando se aprende a llorar por algo también se aprende a defenderlo”. No es cierto. A veces no puedes luchar, y si lo intentas, puedes hacerlo mal.
Ahí es donde entra el miedo (de nuevo) a perder. Lo que quieres y a quien quieres. O lo que podría ser.
Solo hay un camino: conocer tu debilidad, identificarla, y frenar cuando notes los síntomas. Control.
Lamentablemente no puedo dejar que mis personajes controlen sus debilidades ni sus miedos. Porque si así fuese… no habría historia que contar.

II: MIEDO
Es, sin duda, la emoción más poderosa, y la más terrible.
Por culpa del miedo han ardido imperios.
Así, el miedo nace de una debilidad, pero no necesariamente siempre, porque no hay alma, por dura que sea, que se libre de él en algún momento de su vida.
El miedo puede provocar que te quedes paralizado o que hagas las mayores estupideces de tu vida. En ambos casos, estás jodido.
Personalmente, he sentido miedo muchas veces. Recientemente, sentí miedo a perder cuando aún no había ganado nada, y el miedo me llevó a precipitarme en una carrera contra nadie. Cuando algo me empezó a importar. Dejé de ser dueño de mí y de mis actos. Y eso, siempre, tiene consecuencias. A veces, irreversibles.
Si, es la emoción que más me jode. Siempre presumo de autocontrol, de mi vida, de mis actos y de mis emociones, y el 99% del tiempo lo logro. Pero entonces, algo inesperado entra en mi vida planeada, y… todo ese esfuerzo al carajo.
Algo así le pasa a mis personajes, quienes por miedo a fallar, a sí mismos o a los demás, o por miedo a equivocarse y descubrir que su cruzada de años, ésa en la que han puesto tantos esfuerzos, no ha servido de nada, se precipitan a un vacío de sinsentidos y decisiones erradas que conduce, inevitablemente, al desastre.
¿Cabe la salvación? Vivimos en un mundo hostil, donde sólo las películas de Hollywood tienen un final feliz. Mis historias no son historias alegres, no me sale escribir historias alegres. En el mejor de los casos cabe, si acaso, la incertidumbre de un mañana no escrito, el no haber sido dañado de muerte y el saber que espera un largo período de convalecencia, de lamerse heridas.
Un mañana en el que, sencillamente, no sabes qué pasará.

III: IRA
Y llegamos hasta el tercero de los pecados.
Cuando revientas, explotas, te puede la rabia, te hierve la sangre, y la lías parda en un día de furia.
No soy de enfadarme a menudo. Intento siempre actuar lo más racionalmente posible en todas las circunstancias (que sí, que no siempre lo logro), pero como todo el mundo, hay un momento en el que se te acaba la paciencia y… no, mis cabreos no son chicos. Si hay que enfadarse, ¿por qué no a lo grande?
Es la emoción menos explorada de todas en mis escritos. No creo en los «días de furia», aunque muchas veces haya deseado dejarme llevar.
De adolescente estaba hecho polvo. Seguramente sin necesidad porque realmente no fui de los machacados por otros, aunque no me libré del típico gilipollas tocapelotas (abundaban más en mi colegio que en otros). Lo que sí vi es cómo jodían vivos a otros chavales. Y sí, eso hacía que me ardiera todo, aunque no tenía capacidad de reacción (era un renacuajo flacucho que procuraba no meterse en broncas por no llevarse alguna). Si hay una palabra en este mundo que odio con toda mi alma es «VÍCTIMA». Me negué a convertirme en víctima y me jodía ver cómo transformaban en víctimas a otros. De haber nacido en Estados Unidos y haber tenido acceso a armas de fuego… (eso lo hemos soñado todos alguna vez). Me he tirado media vida luchando contra la palabra «Víctima» solo para descubrir que me convertí en víctima de mí mismo.
Algo parecido le pasa al personaje de mi nuevo trabajo: se niega a ser víctima y decide ir un paso más allá. Abraza su rabia y se entrega a ella con toda su alma. No de una forma explosiva, como un volcán en erupción, sino de una forma rabiosamente controlada. Quiere que su día de furia sea una semana de fuego e ira. No busca crear una matanza, sino ser selectivo, como un francotirador. Se fija en los verdugos y decide cambiar sus etiquetas. Quiere, desea, necesita, hacerles sentir qué significa ser VÍCTIMA.
Como he dicho, es mi emoción menos explorada y menos conocida, y está requiriendo de mí un esfuerzo extra, agotador pero también reconfortante.
Por eso es un reto.
¿Saldrá bien? Se aceptan apuestas.

 

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REGALO

Hoy, ahora mismo, me da la gana de regalaros algo que acabo de escribir, así de golpe, porque sí, porque me ha apetecido, porque me ha salido, y porque cada día que pasa me siento más vivo.
Y si no os gusta, os jodéis, que es gratis.

“Que todo mi mundo
está lleno de espejos que reflejan
mi mala cara, la buena y la que tiene ganas de reír…
Que todas mis tretas
son fuegos artificiales
y tras las chispas solo hay simplicidades…
Que…
Que sí, coño, a todo eso de ser demasiado normal,
pero también…
Cuando se apagan las luces
solo quiero dormir con la tranquilidad de saber…
…que lo jodido solo puede mejorar…
… que no siempre vale eso de estar hundido…
…que la oscuridad es un refugio y no un castigo…
…que mis miedos acabarán siendo vencidos…
…que nos seguimos encontrando en el camino…
…y…
…y…
…que serás feliz, aunque no sea conmigo.”

Salud.

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ALGO PARECIDO A UNA POESÍA

Repasando, revisando, retocando, preparando… mis trabajos, he reparado en la última “poesía” de mi libro DEFORMOLOGÍA.

Leyéndola ahora, no me extraña que hace más de diez años pudiese escribir algo tan emocionalmente abierto (siempre fui así, a pecho descubierto), pero sí me sorprende no recordar que fuese un texto también, en cierta manera, emocionalmente positivo, con un leve aliento de esperanza, en una época en la que mis textos eran todo lo contrario.

Ahora me parece perfecto que esta “poesía” pusiese fin al libro. Etapas que se cierran, con la esperanza de un futuro.

Se lo dedico a toda aquella persona que no haya perdido la fe. Sigue tus instintos, tus emociones, tus sentimientos, y da igual donde te lleven, aquí o allí. Sólo síguelos. Porque por encima de lo que ves, está lo que sientes, ese mundo subliminal que a veces nos perdemos.

“Es como un amanecer.
Despacio, muy despacio,
en esta noche sin estrellas
me sigo sintiendo un niño,
pequeño como ningún otro.
Te daré todo lo que quieras,
Tú eres a quien quiero.
Me siento como no me sentía antes,
me arrodillo
rezando a lo que no creo:
Que me ames como yo te amo.
A veces me siento derrotado,
demasiado normal,
demasiado a menudo;
a veces no soy más que un despojo,
pero te daría todo lo que tengo.
Quizás ahora todo cambie
para bien.
Porque me siento como nunca antes me sentí,
porque siento cosas nuevas,
porque presiento que hay algo
que podría funcionar,
que podría funcionar.
Más allá de cartas marcadas,
de apuestas contracorriente
y de luchar sin sentido contra lo inevitable,
me niego a creer que esto no tiene inicio
porque para mí no tiene fin.
Me arrodillo rezando a los espíritus donde sea:
Que te pueda hacer sentir
lo que yo no puedo dejar de sentir.”

Si te ha gustado, puedes adquirir el libro completo (en papel o en formato electrónico, en www.deformologia.com .

No te desagradará.

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DÍA DE LOS MUERTOS

De mi libro “DEFORMOLOGÍA”, una composición hecha un Día de todos los Santos en un año perdido en la memoria.

Bienvenidos al día de los muertos,

promesas incumplidas que quedaron atrás,

espantajos con caras de payasos,

sus manos de hueso me bendecirán.

Bienvenidos a la noche de brujas,

hay niñas llorando bajo las sábanas,

los cuentos de sus madres respiran,

horrendas mentiras que se hacen verdad.

Voy a visitar mi tumba,

allí donde mi fantasma vive de recuerdos,

lejos de días sin luz y noches sin paz.

Allí donde todos llevan flores

y rezan para que no nos levantemos.

Para que no nos levantemos

y pidamos una explicación a Dios.

Bienvenidos al día de difuntos

y a la noche de despertares.

(Registrada)

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…Y VA DE MÚSICA (VI): VAN MORRISON – “DAYS LIKE THIS” (1995)

Entre el joven Van y el viejo Van me quedo con el viejo.

Concretamente, con su discazo “Days like this”.

Rotundo, impresionante, arrebatador.

Un pequeño ejemplo es la última canción, una larguísimo blues que deja la piel de gallina: ANCIENT HIGHWAY.

 

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…Y VA DE PELIS/SERIES (VI): EL OLIVO

Debo reconocer que no soy fan de las películas de Iciar Bollain, y lo cierto es que esta película cayó en mis manos por casualidad.

Desde entonces la considero un pequeño tesoro.

Porque partiendo de una pequeña historia cotidiana va desplegando sus ramas, como un árbol, desgranando otras pequeñas historias llenas de emociones, de sentimientos, de soledad, rabia, fracaso, pérdida, hasta orgullo propio, añoranza, rabia, lucha y supervivencia, con un amor tierno por lo más sencillo.

Porque la vida, por dura que sea, a veces, te emociona.

Lloré viendo esta película. Me trajo muchos recuerdos. hace que eches de menos cosas que creías olvidadas.

Si tienes la oportunidad de verla, hazlo. Quizás sea una película intimista lo que necesites para encender un poquito el alma.

 

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CAMBIOS

Necesito hacer cambios.

Como quien, tras años con el pelo largo, decide cortárselo.

A veces un cambio de imagen ayuda a cambiar el chip, a aclarar ideas.

Sigo trabajando en este proyecto, pero necesito aire. Olvidarme del resto del mundo para que las ruedas de mi cabeza empiecen a funcionar de forma habitual. Huir de unas rutina para adquirir otra que interesa más.

Empezaremos por pequeños cambios en la web y otros más grandes, invisibles, en la forma de trabajar y a la hora de tomar ciertas decisiones “artísticas”.

Ahora mismo, lo que viene a la cabeza, es la canción “Nevermind” de Leonard Cohen (utilizada también en la segunda temporada de True Detective). Aquí os la dejo:

 

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OPERACIÓN RENOVE

Va siendo hora de actualizar ciertas cosas por aquí.

Soon for you and just for you, baby.

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DESPOTRICANDO (V): SUBVENCIÓNAME, PLEASE

Subvencióname, please, dame dinero para hacer un trabajo y que así no tenga que currarme esa parte tan jodida del negocio que es sacarle rentabilidad, porque ya me has arreglado esa papeleta.

Por norma general estoy en contra de toda subvención, sea del tipo que sea, pues acaba mutilando el ingenio.

En este puto país estamos demasiado acostumbrados a ver cómo durante años se han montado empresas con el fin último de conseguir y cobrar subvenciones, es decir, por y para sacar provecho del dinero público. Luego, el trabajo se hacía (o no sea hacía, que era peor, aparte de delito) de cualquier manera sin importar la calidad y se acababa justificando más mal que bien.

Me da lo mismo que hablemos de cine, de educación, de agricultura… Mientras haya subvenciones seguiremos mutilados mentalmente, sencillamente porque no nos estamos jugando los cuartos de verdad. Los nuestros.

Imagina que no existiera apoyo público y eres un cineasta. Estoy seguro que en vez de hacer películas sobre la guerra civil o sobre mierdas demasiado intimistas que no interesan a nadie, te comerías el coco, intentarías comprender qué le gusta al público, y dárselo. O inventarías nuevos medios de entretenimiento. Ésa sería la única manera de sacar rentabilidad, porque en el fondo, todo es un jodido negocio. Sí, saldrán mil Torrentes, pero también  algunos Nolans (por decir alguien). Porque al final, si es bueno, acaba abriéndose camino, pues, aunque no nos lo creamos, no todos en este puto mundo son tontos ni paletos.

Business is business.

Eso los yankis se lo tienen bien aprendido. Si arriesgas tu dinero, si no tienes el colchón de las ayudas estatales, autonómicas o municipales, cambian las reglas del juego. Es ahí donde y cuando ganan los más listos, los más ingeniosos.

Con subvenciones casi nunca es así. Es terreno perfectamente abonado para que gane otro tipo de listos, los “chicos malos”, los que no nos interesan que medren porque hacen una sociedad peor, ésos de los que ya nos hablaban siglos atrás, por ejemplo, en el Lazarillo.

 

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